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La Fundación Riecken encuentra terreno especialmente fértil en aquellas comunidades que, además de necesidades, tienen aspiraciones. Son éstos lugares donde una biblioteca puede florecer como una herramienta práctica que, entre otras cosas, incentiva la alfabetización, potencia el acceso a la información, permite que la comunidad sea la artífice de su propio desarrollo y capacita a los más jóvenes a convertirse en agentes del cambio sustentable.
El modelo Riecken, surgido del espíritu empresarial y no de la caridad, saca partido del enorme poder de la participación popular como catalizador del desarrollo. Por ello, la participación activa de cada comunidad es fundamental para que la biblioteca tenga los resultados esperados y permite a la comunidad constatar el enorme potencial de cambio en sus vidas que ésta representa. La gran fortaleza de la Fundación consiste precisamente en su capacidad para reconocer posibilidades y convertirlas en realidad.
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